sábado, 12 de julio de 2014

Cada vez hay menos buzones

He notado, caminando por mi barrio, que el número de buzones amarillos de Correos donde depositar las cartas ha disminuido. El más cercano que tenía a mi casa, que era un mazacote cuadrado, con dos rendijas, una para las cartas de Madrid capital y otra para el resto de destinos, borrado de la faz de la tierra.

También algunos otros que tenía localizados han desaparecido. Han dejado los justos, diría los básicos para que no parezca una desatención al ciudadano.


La verdad es que ya no se mandan cartas, y cuando tenemos que hacerlo, como generalmente son certificados o envíos importantes de peso, vamos a la oficina de Correos, con lo cual este mobiliario amarillo urbano tan típico va a menos.

Que existiera el teléfono no iba en detrimento de las cartas tradicionales, en cambio la era digital ha provocado que ya nadie necesite realizar escritos, y mucho menos a mano. El correo electrónico, el facebook, el twitter, todas las redes sociales, el whatsapp, la mensajería instantánea y los miles de inventos actuales que manejamos desde todos los dispositivos como ordenadores, netbooks, móviles, tablets y demás hacen innecesario el envío de una carta. Esas cartas tan especiales que nos llegaban de una amiga, un amigo, un novio, un familiar; cartas agradables, que te hacían bajar rápidamente al buzón de casa a ver si había algo, o que provocaba que el cartero del pueblo en verano te avisara en la distancia con la mano y fueras corriendo a por tu ansiada correspondencia.

Las cartas eran pequeñas obras de arte, donde no solamente se volcaban vivencias y sentimientos, sino que solían adornarse, tanto los sobres como el interior, con dibujos, letras especiales, con el sobreesfuerzo de pillar folio y boli, a veces de colores, para ir haciendo más entretenida la lectura y presentar tu mejor caligrafía. Y no digamos en ocasiones festivas. Si era un cumpleaños o Navidades, fabricaba la postal totalmente artesanal, con los motivos más diversos, purpurina, estrellitas brillantes pegadas, algo que la hacía quizás algo ñoña, pero única.

En los últimos años continuaba escribiendo cartas, sobre todo postales en verano y Christmas en Navidad. Estos últimos ya solamente se los enviaba a mis tíos, que unos se manejan en Internet y otros no, como residuo de una antigua tradición...y ya ni eso, en 2013 no mandé a nadie. En el resto de casos, me aburro de escribir y que no respondan, así que ahora un BCC (Carbon Copy) por email y liquidadas las felicitaciones de Pascua, cumpleaños y demás compromisos.

Sigo guardando todas las cartas de muchos años. Algunas mejor no tocarlas, no solamente por el polvo, sino porque son de la infancia y adolescencia, y abrirlas, sería una bocanada de aire a otros mundos que mejor dejar cerrados.
Ahora que todo lo que llega son facturas, cartas desagradables del banco, publicidad, avisos incordiosos, sigo echando de menos esa lectura agradable de alguien que te escribía con cariño y sinceridad, cartas personales y no comerciales con franqueo automático, con aquellos sellos curiosos que tanto me gustaba observar.

Y es el que el mundo muta, nada permanece, y las formas de comunicación, son un reflejo más de los cambios de la sociedad. No puedo negar que añoro recibir una carta personal, aunque sea una postal para decirme que se lo están pasando muy bien bañándose en la playa.

2 comentarios:

  1. Yo también guardo muchas cartas antiguas... y siento una añoranza cada vez que las ojeo...

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    Respuestas
    1. Gracias por venir Ali EB. Las mías están envueltas en cintas o gomas y a su vez metidas en bolsas o carpetas, así que no las suelo ojear, para que se queden cerradas las puertas del pasado lo más posible... y aún así siempre hay rendijas.
      Saludos.

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Gracias por participar en Mi Matrix Particular. Te esperamos pronto.

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© Trinity

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