domingo, 27 de julio de 2014

Las sillas de mi abuelo

Mi abuelo era artesano, en concreto sillero, como toda su familia y antepasados. Tenía unas manos fuertes y habilidosas, capaces de segar la anea durante un mes en verano en el río para disponer de este material toda la temporada y realizar el hondón (asiento), y también poséia la delicadeza para tallar la madera a mano o bien darle forma a las patas, respaldo y demás elementos en su torno.
Cuando le veía haciendo esto, saltando virutas de madera en la ruidosa tarea de moldear los troncos mientras el torno giraba a toda velocidad, me parecía algo mágico, pues iba adquiriendo formas preciosas que al final adornaban primorosamente la obra.

Estas sillas las guardo como un tesoro. Me las hizo mi abuelo en su pueblo cuando era niña e iba allí de vacaciones, una para mí y otras dos para que pusiera a mis muñecas. No empleó apenas tiempo, recuerdo que las hizo rápido como un regalito. En sus trabajos profesionales, se notaba una finura, oficio y un buen hacer que ya no creo que quede en España. Son formas de trabajar que se van perdiendo con la industrialización.

La silla que hizo mi abuelo para que me sentara cuando era pequeñita

Una de las sillas para que colocara a mis muñecas

Otro modelo de silla para que sentara a más muñecas

Todas juntas. La silla central es la mía y las otras las de las muñecas 

viernes, 25 de julio de 2014

Muñequita linda

Este graffiti estaba en una de las paredes de mi barrio, a la altura de la cintura. Su tamaño es como el de la palma de la mano, aunque aquí se vea mucho más grande.

Me gustó porque me recuerda a la candidez de las muñecas que solía pintar en cuanto tenía papel y boli delante: cara bonita con un óvalo perfecto, ojos grandes con largas pestañas, cejas finas, nariz pequeña y labios voluptuosos, un poco parecida a los dibujos manga sin llegar a esa exageración en las facciones.

Ésta no es como el bolero, es una muñequita linda, pero no de cabellos de oro ni de dientes de perlas, pero sí labios de rubí, más rapera o de hip-hop. Aparentemente puede parecer que está hecha a mano, pero dudo que ese nivel de detalle se pueda realizar con sprays, y por el lugar donde estaba, demasiado visible, no creo que se entretuvieran en coger pinceles; más bien parece que han puesto una plantilla como las figuras navideñas de los escaparates, y han rociado con pintura negra.

En cualquier caso, una muestra de que la belleza se puede encontrar por cualquier parte si nos vamos fijando.

jueves, 24 de julio de 2014

Los Jerónimos

La Iglesia de los Jerónimos de Madrid es un lugar céntrico, situado al lado del Museo del Prado y del Hotel Ritz. Es muy conocida por ser el sitio donde contraen matrimonio los famosos, con largas listas de espera hasta que puede llevarse a cabo la ceremonia.

Cuando tenía 18 años, hablando con una amiga, siempre decía que si me casaba sería aquí. Me gustaba el edificio, las escaleras, el entorno y echarle imaginación mezclada con ilusión. Qué duda cabe que las cosas no salen como se planean cuando eres adolescente, y que ahora queda sólo como un sitio al que mirar por su majestuosidad, por la belleza del edificio, sin que avive otro tipo de sentimientos. ¡Qué malos son los cuentos de hadas!



Siempre hay un coche de novios esperando a la puerta

La escalinata por la que habría entrado arrastrando la cola de mi hermoso vestido :P

miércoles, 16 de julio de 2014

Banco de España

Bajarse en la parada de metro "Banco de España" y ver el magno edificio es muy frecuente si se va por el centro de Madrid, pues está situado en Cibeles, haciendo esquina entre el Paseo del Prado y la Calle Alcalá.

Lugar de paso tanto si se va hacia la zona de Alcalá, Círculo de Bellas Artes, Gran Vía, Chueca, Sol, como para bajar hacia el Museo del Prado, el hotel Ritz, Neptuno, el museo Thyssen o si te diriges a la Casa de América, el Ayuntamiento, la Puerta de Alcalá, El Retiro, o por la noche se coge el búho para regresar a casa después de salir de marcha. Imposible que pase desaparcibido, aún sin saber qué hay allí dentro.

La de veces que me quedo mirándolo como si fuera un lugar sin vida, pero que a la vez tiene todo el poder de España concentrado entre sus paredes. Me imagino lingotes de oro en alguna de sus estancias :) y toda una existencia "anodina" y aburridísima en torno a él.

Me recuerda a la película "La vida de nadie", en la que José Coronado hace que trabaja en un lugar, pero no da palo, es todo una farsa para hacer creer a su entorno que curra, y se le ve cómo entra en el hall con su maletín y después sale.

En cualquier caso la fachada es preciosa, y lo que quieran hacer los poderosos en sus estancias, se nos escapa a la mayoría de los mortales. Sería quizás el sueño de alguien como Ricardo Darín en "El aura" imaginar el atraco perfecto, y seguro que el resto estaríamos deseando que el plan le funcionara; una "venganza" por el dinero que nos están robando desde aquí y Europa céntimo a céntimo de la manera más impune.




sábado, 12 de julio de 2014

Cada vez hay menos buzones

He notado, caminando por mi barrio, que el número de buzones amarillos de Correos donde depositar las cartas ha disminuido. El más cercano que tenía a mi casa, que era un mazacote cuadrado, con dos rendijas, una para las cartas de Madrid capital y otra para el resto de destinos, borrado de la faz de la tierra.

También algunos otros que tenía localizados han desaparecido. Han dejado los justos, diría los básicos para que no parezca una desatención al ciudadano.


La verdad es que ya no se mandan cartas, y cuando tenemos que hacerlo, como generalmente son certificados o envíos importantes de peso, vamos a la oficina de Correos, con lo cual este mobiliario amarillo urbano tan típico va a menos.

Que existiera el teléfono no iba en detrimento de las cartas tradicionales, en cambio la era digital ha provocado que ya nadie necesite realizar escritos, y mucho menos a mano. El correo electrónico, el facebook, el twitter, todas las redes sociales, el whatsapp, la mensajería instantánea y los miles de inventos actuales que manejamos desde todos los dispositivos como ordenadores, netbooks, móviles, tablets y demás hacen innecesario el envío de una carta. Esas cartas tan especiales que nos llegaban de una amiga, un amigo, un novio, un familiar; cartas agradables, que te hacían bajar rápidamente al buzón de casa a ver si había algo, o que provocaba que el cartero del pueblo en verano te avisara en la distancia con la mano y fueras corriendo a por tu ansiada correspondencia.

Las cartas eran pequeñas obras de arte, donde no solamente se volcaban vivencias y sentimientos, sino que solían adornarse, tanto los sobres como el interior, con dibujos, letras especiales, con el sobreesfuerzo de pillar folio y boli, a veces de colores, para ir haciendo más entretenida la lectura y presentar tu mejor caligrafía. Y no digamos en ocasiones festivas. Si era un cumpleaños o Navidades, fabricaba la postal totalmente artesanal, con los motivos más diversos, purpurina, estrellitas brillantes pegadas, algo que la hacía quizás algo ñoña, pero única.

En los últimos años continuaba escribiendo cartas, sobre todo postales en verano y Christmas en Navidad. Estos últimos ya solamente se los enviaba a mis tíos, que unos se manejan en Internet y otros no, como residuo de una antigua tradición...y ya ni eso, en 2013 no mandé a nadie. En el resto de casos, me aburro de escribir y que no respondan, así que ahora un BCC (Carbon Copy) por email y liquidadas las felicitaciones de Pascua, cumpleaños y demás compromisos.

Sigo guardando todas las cartas de muchos años. Algunas mejor no tocarlas, no solamente por el polvo, sino porque son de la infancia y adolescencia, y abrirlas, sería una bocanada de aire a otros mundos que mejor dejar cerrados.
Ahora que todo lo que llega son facturas, cartas desagradables del banco, publicidad, avisos incordiosos, sigo echando de menos esa lectura agradable de alguien que te escribía con cariño y sinceridad, cartas personales y no comerciales con franqueo automático, con aquellos sellos curiosos que tanto me gustaba observar.

Y es el que el mundo muta, nada permanece, y las formas de comunicación, son un reflejo más de los cambios de la sociedad. No puedo negar que añoro recibir una carta personal, aunque sea una postal para decirme que se lo están pasando muy bien bañándose en la playa.

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© Trinity

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