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Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas
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domingo, 15 de febrero de 2026

Carlos, hermano de juegos y de vida, hasta siempre

MARÍA EUGENIA MORRO GERAS 

Desearía no tener que escribir nada. Tarde, pero me he enterado del fallecimiento de Carlos Francisco Casado, amigo de la infancia y adolescencia, el pasado 15 de enero de 2026.

Éramos familia, pues su abuela Tomasa, era hermana de mi bisabuela Eulalia Aparicio. 

Vivíamos al lado, en la misma Calle Mayor, él en el callejón, y a pocos metros, yo en casa de mi abuela, enfrente del Ayuntamiento.

Nos juntábamos los veranos en la calle, en el río, por las noches cuando salíamos a jugar y los mayores tomaban el fresco en el corrillo de la antigua Telefónica. 

Su casa siempre estuvo abierta para mí, y la nuestra para él y su hermana Espe, otra gran amiga de la infancia. Una familia hospitalaria a más no poder.

Carlos Casado y los hermanos Morro en el Río Órbigo
En el río Órbigo, de izquierda a derecha: Espe, mi hermano Ignacio, mi hermano Ángel, servidora, y detrás, Carlos Casado. Agosto 1976

viernes, 3 de enero de 2025

"Los olvidados", película mexicana de Luis Buñuel sobre los niños de la calle

MARÍA EUGENIA MORRO GERAS

En mis continuas visitas a la Filmoteca de Madrid, al Cine Doré, suelo descubrir grandes películas que desconocía, como ésta: "Los olvidados" (Luis Buñuel, 1950). No me llamó demasiado la atención la sinopsis, pero vi en Filmaffinity que tenía una super puntuación: 8,3, y cogí la entrada.

Hubo una presentación previa, pues la cinta había sido restaurada por la Filmoteca de la UNAM (Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México) y financiada por Televisa, con lo cual la íbamos a ver con mayor calidad.

No sé por qué, sólo había visto dos películas de Buñuel, "Viridiana" y "Abismos de pasión" (versión mexicana de "Cumbres borrascosas"). Ambas me habían gustado mucho, pero consideraba al director un friki raro, pues siempre me venían a la cabeza las famosas imágenes mudas del ojo que va a ser cortado de "Un perro andaluz", que me daba mucha grima; parte de sus experimentos de arte y ensayo con su amigo Dalí.

Fotograma de "El perro andaluz"

Intento no mirar información de otras webs, para que no me influyan a la hora de redactar estas líneas.
"Los olvidados" recuerda al neorrealismo italiano. Trata la historia de niños y niñas que viven a las afueras de la Ciudad de México (DF), en los arrabales más pobres. Chicos conflictivos, donde el afán por supervivir es diario, y para ello recurren a todo tipo de picarescas, timos, robos, tretas, jugarretas e incluso el más mayor y líder de la pandilla, el Jaibo, que ya ha pasado por el reformatorio, a la violencia.

Todos los muchachos reunidos en la calle

miércoles, 14 de enero de 2015

Zapatito de niña

El pasado septiembre fui a ponerme una inyección a la típica clínica de barrio, esa clínica pequeñita, con cuatro consultas, una reducida sala de espera, un mostrador modesto y un trato familiar, en la que hay médico de cabecera, pediatra y alguna especialidad como traumatología u oftalmología.

Al salir me fijé en la ventana. Estaba depositado este zapatito de niña, de un bebé. Seguramente que alguna madre había ido a la clínica con su hijita y al salir o entrar se le había caído el zapato al suelo, y la persona de buena voluntad que pasó por allí, quizás a mediodía cuando estaba cerrada, lo recogió y lo colocó en el alféizar con la esperanza de que su dueña lo encontrara si regresaba al lugar.

Me pareció un detalle muy tierno, pues hoy en día no suelo ver esos gestos. No sé si por un poco de desencanto personal, pero observo una sociedad egoísta, acelerada, despiadada, que no se preocupa por el de al lado, pasota, vil, y este hecho me sacó una sonrisa de esperanza. Me recordó a la canción de Serrat "Aquéllas pequeñas cosas", y me envolvió una bruma cargada de nostalgia del pasado. En ese breve instante, a través de echar a volar mi imaginación, y mirando el zapatito blanco veraniego, me reconcilié con el mundo.


"Aquéllas pequeñas cosas". Joan Manuel Serrat

domingo, 22 de mayo de 2011

El afilador

Cuando era niña, habitualmente cada semana pasaba el afilador empujando a pie su bici, gritando de vez en cuando "el afilaaaaadorrrrr" y tocando el silbato de plástico (chiflo de afilador, flauta de pan), produciendo un sonido de sobra conocido (do-re-mi-fa-sol-la-si-dooooo-do-si-la-sol-fa-mi-re-do) que avisaba de su presencia, momento en que las madres bajaban sus cuchillos y tijeras a la calle para que el hombre lo dejara todo a punto.

Me sorprendió el otro día cuando vi a este afilador parado delante de un portal haciendo su tarea, un oficio casi perdido actualmente en la ciudad.

Silbato de afilador

Afilador de Tarazona

lunes, 27 de septiembre de 2010

Pompas

Paseo vespertino por el centro de Madrid. En la plaza Mayor un artista callejero hacía normes pompas de jabón. A pesar de la sencillez del "invento", siempre consigue que me fije en las efímeras burbujas flotantes, rememorando aquellas otras que hacía de pequeña de manera más rudimentaria, simplemente con la mano.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Lenguaje universal

Apresuraba el paso porque llegaba muy justa a la rehabilitación. Delante de mí iban tres niños chinos, uno más mayor de unos ocho años en el medio, y en cada mano dos más pequeños, un niño y una niña de entre tres y cuatro. Van hablando en chino. El pequeñito, que lleva una magdalena en la mano, tiene los pantalones medio caídos y termina tumbado en el suelo, llorando. Su hermano intenta levantarlo pero no puede con él. Me acerco institivamente, sonrío, elevo al chiquitín mientras su hermano le sube los pantalones. Le doy unas palmaditas en el pompis y le digo cariñosamente: "claro, así, que no puedes ir con el culete el aire" :) El mayorcito susurra: "gracias". Les vuelvo a sonreir y acelero el paso, mientras les digo adiós con la mano. De repente, miro hacia la derecha, y veo que el pequeñajo iba paralelo a mí, se había adelantado a sus hermanos y corría a mi lado mirándome con una gran sonrisa, enseñando sus perfectos dientes de leche, mientras la magdalena permanecía intacta en la mano. Me quedo mirándole: "ay, que tengo mucha prisa, bueno venga". Esperamos a que lleguen sus hermanos que iban un poco más atrás. La niña lleva un enorme papel con un rey mago dibujado; dentro del cuerpo de la figura, la profesora ha escrito un texto de buenos deseos para que pidan lo que quieran. Lo leo en alto y les digo: "qué bonito, esto está genial, así los reyes os traerán muchas cosas". Devuelvo el papel sin parar de sonreirles. Le pregunto al niño mayor quién es más grande de los pequeñajos, y responde algo que no escucho bien, pero que no resulta coherente con lo que pregunto. En ese momento me doy cuenta de que no entienden bien español. No importa, seguimos con las sonrisas. Sólo llevaba un caramelo, y se lo doy al chiquitín, diciéndole a los otros que me perdonaran, pero que no tenía más, que otro día traía y les daba a todos, mientras les hacía una caricia a cada uno en la cabeza. Les digo adiós de nuevo con gestos, responden al saludo, muchas sonrisas, acelero. Me doy la vuelta cada poco, agitando la mano, se despiden con una gran sonrisa continuamente. Cruzo la calle, y desde el otro extremo, echo una ligera mirada, pensando que van a su bola y ya no están pendientes de mí. La preciosa niña me seguía con la vista. Volví a apresurarme.

Ya no se ven niños que regresan solos del colegio, parecían los de nuestra generación en los años 70, cuando el hermano mayor se encargaba de los pequeños, llevándolos y trayéndolos. Hoy en día todos los menores van con algún adulto, en este caso parecía que el trayecto del cole a la tienda de todo a un euro era corto, pero se puede complicar de la manera más tonta. No quiero imaginar lo que podría sucederles si topan con alguien malintencionado :(

Y lo que más me alucina, es la importancia del lenguaje no verbal: el cálido tono de la voz, el tacto, el contacto suave, las sonrisas, las miradas, los gestos...Nos enseñan la palabra como máximo exponente de la comunicación, y relegamos a un segundo plano otras formas igualmente válidas, que en ocasiones resultan más eficaces.

domingo, 19 de octubre de 2008

La vida es una tómbola

Son fiestas en el barrio y paseo por la feria, donde una nube de olores, colores y sonidos llaman la atención y me hacen mirar hacia todos lados. Es un disfrute sobre todo para niños y jóvenes.

¡Esssossss churrooooosssssss! ñam, ñam


El payaso que vende globos con formas de espada, animales y lo que se le ocurra. Al mirarle, no puedo evitar pensar en el clown diabólico de la peli "It" :)


Los niños hechos unos francotiradores siguen disparando, no sólo cuando juegan en la consola


Entrañables muñecos de Betty Boop y Epi y Blas como reclamo de las tómbolas


El tombolero de toda la vida, con la verborrea habitual para que rellenes el "bingo" y te puedas llevar, no el jamón, sino esa maravillosa batidora endeble que no tiene consistencia ni para armarse y jamás llegas a utilizar, aunque te vayas tan contenta pensando que te ha tocado algo.


La atracción de moda en esta feria, el "Torito Peque Comanche", donde regalan a los niñ@s los sombreros de cowboys y les dicen por los altavoces, mientras sufren el meneo del mini-rodeo: "Venga esas palmas, arriba las manitas", con música de fondo donde se invoca a Manitú :D


Atracción tranquila para los niñ@s amantes de los deportes acuáticos


La Uve, toma revoltijo de jugos gástricos


El boomerang. Vaya gritos que daba la peña. Si es que en el fondo nos gusta sufrir :P


El pulpo que no falte. Todavía recuerdo la última vez que me monté con 16 años y lo mal que lo pasé. Como los cinturones de seguridad no se quedaban pegados al cuerpo, y era bastante delgada, al dar los golpes de tentáculo cuando giraba hacia atrás, pensé que me salía disparada al espacio. Los gritos aún deben haber quedado impregnados en el éter para futuras psicofonías.


El tren de la bruja, para los tranquilit@s que les gusta que les metan sustos y den escobazos


Preciosos globos con personajes variados


En las vagonetas, para saludar a los padres al pasar


No podían faltar los variantes, dan ganas de comerse de todo un poco. Me pirran especialmente las berenjenas.


Manzanas caramelizadas que siempre solían caer después de dar un poco la vara


Los eternos coches de choque, donde empezaban los primeros ligoteos. Los niños venían hacia nosotras y nos embestían; hasta se me dobló un día la muñeca del golpetazo.


Los machotes del barrio dándole puñetazos al balón de boxeo, a ver quién lo golpea con más fuerza


Una feria no es feria si no te zampas el dulce de algodón. Qué rico, aunque sepas que sólo es azúcar, y se te queden las manos totalmente pringosas. Vamos avanzando en medidas higiénicas, ahora todos van envueltos en un plástico.

jueves, 1 de mayo de 2008

Truque

Juego del truqueAl pasar al lado de mi colegio, veo pintado en el patio un truque en plan profesional; los nuestros eran de tiza. Me alegra saber que se siguen conservando los viejos juegos de la calle. Las niñas nos podíamos tirar horas saltando cuadraditos, teniendo habilidad para que la piedra cayera en el número deseado, y a la pata coja llevarla al inicio, todo ello sin pisar las líneas y con unas determinadas reglas.

Cuando iba de vacaciones a Extremadura, había una modalidad parecida llamada "la pisa", con seis cuadrados, dispuestos en 3 filas de 2. La competición era más dura, porque las niñas destacaban por su habilidad, y además jugábamos en la tierra, pintandola con un simple palo. No importaba llenarse de polvo, tierra, caerse o hacerse rasguños, lo que primaba era el buen rato que pasábamos.

miércoles, 2 de abril de 2008

Juguetes de siempre

Me voy a la Corte Imperial porque tengo que hacer un regalo a una amiga algo más peque, y le gusta el cubo mágico de Rubik. Me sorprende que sigan fabricándolo. Cuando lo adquiero, sin sacarlo de la caja transparente que lo envuelve, me doy cuenta de que es algo más pequeño que el que hacía furor en los 80.

Todos los niños tenían su cubo, y entre los hermanos, competíamos para ver quién conseguía llegar más lejos. Lo que fui capaz de hacer de manera legal, fueron tres caras. Y digo legal, porque después empezó a circular un papel entre los compañer@s de clase, en el que se describía como completar las seis caras. Sin comprender el por qué, seguíamos las instrucciones, "3 vueltas a la derecha fila de arriba, 2 vueltas hacia la izquierda fila inferior..." y ¡oh maravilla!, el cubo se componía armoniosamente con los colores en su sitio.

Nunca fui capaz de comprender qué fórmula aplicaban, pero estaba demostrado empíricamente que funcionaba. Ya no había frustración, tod@ l@s niñ@s "sabíamos" hacer el cubo :-)

Lo que me ha chocado al pasear por la sección juguetería, es que continue existiendo otro de los juegos que más me gustaban: El Simón, ahora llamado Super Simón.

El primer juguete de sobremesa electrónico, podríamos decir. Consistía en un disco con 4 grandes botones de color azul, amarillo, rojo y verde que se encendían y emitían un sonido. La habilidad del juego consistía en pulsar la secuencia de color-sonido correctamente, pues a medida que pasaba el tiempo, la complejidad era mayor. Se podía considerar que había que "tocar" una canción propuesta por el juego, y memorizar las notas. Por ejemplo, primero empezaba por rojo(con su sonido), despues rojo y azul, luego rojo azul y verde, más tarde rojo azul verde rojo y podía terminar siendo un chorizo así: rojo azul verde rojo verde azul azul verde rojo rojo amarillo azul amarillo...

Se podía jugar contra la máquina o contra un contrincante. En casa, mi hermano mayor era el dueño, y nos hacía rabiar bastante, porque sólo jugábamos al Simón cuando él quería, y a nosotros aquello de las lucecitas y soniditos nos enloquecía :P

Lo curioso es que el precio continua siendo el mismo. En aquella época ochentera, costaba unas 6.000 ptas, y ahora, como se aprecia en la foto, 31 euros.













Como tantos otros iconos de los años 80s, Simon nació en los años 70s, en 1978, en concreto, y fue presentado al público en nada menos que la discoteca neoyorquina Studio 54, el corazón de la música disco.